Oír VS escuchar.

Nota: esta entrada corresponde a la Tarea 1 de la asignatura Ciencia y artes del Máster en Cultura Científica de la Universidad Pública de Navarra .  

En esta actividad se procede a explicar la diferencia entre las acciones de oír y escuchar y a reflexionar sobre si son actos volitivos o no.



¿Me estás escuchando? ¡No oyes!

¿Cuántas veces has escuchado, (valga la redundancia), esas expresiones? A veces las utilizamos indistintamente, sin embargo son diferentes.

Es menester comenzar indicando que el desarrollo del sistema auditivo y por tanto de la audición, ha permitido que hoy yo esté escribiendo estas líneas, y tú, querido lector, puedas leerlas… Ha permitido la supervivencia de nuestra especie, por ejemplo, al poder identificar ciertas amenazas, como una fiera ancestral que intentó atacar a nuestro antepasados.

Pero, ¿Cuál es la diferencia?

Grosso modo, oír significa percibir sonidos, (independientemente de nuestra voluntad), es suficiente que un sonido sea audible para que lo percibamos. Es la capacidad fisiológica de recibir un estímulo en forma de ondas sonoras e interpretarlo, por ejemplo cuando caminamos por la calle y percibimos una conversación ajena, los coches o el viento, o dicho de otro modo, es la respuesta de nuestro organismo ante un estímulo sonoro, no podemos controlarlo salvo que tomemos ciertas medidas, como usar auriculares, tapones o taparnos las orejas.

Oír es percibir lo que implica el funcionamiento del sentido del oído y el sistema auditivo para interpretar de qué se trata, mientras que escuchar significa querer oír, (tener la voluntad y la disposición) y se hace prestando particular atención.

Por tanto, la diferencia se encuentra más allá de que queramos hacerlo o no, (ya que es un hecho físico), si bien para escuchar es necesario querer hacerlo: puedo oírte sin escucharte, pero no podré escucharte aunque quiera, si no te oigo.

Si no se quiere escuchar, sólo hay que dejar de prestar atención, en cambio para no oír habrá que taparse los oídos, esta diferencia está relacionada con los tipos de procesos fisiológicos o cognitivos asociados a cada uno.

Escuchar implica también comprender y responder en función de los estímulos, es decir, procesos cognitivos de atención, concentración, memoria y aprendizaje.

La escucha implica un proceso de comunicación, cuyos elementos son: emisor, receptor, código, mensaje, canal, ruido, feedback y contexto.

Es importante tener en cuenta que tener sistema auditivo no implica que se tenga capacidad de oír, pues ciertos factores pueden afectar a la audición, como patologías, la edad y traumas.

¿Y qué ocurre con la música? Que influye de forma significativa en nuestro estado emocional, al generar diferentes emociones y estados de ánimo que impactan por tanto, en nuestra salud mental, un fenómeno tan fascinante que ha sido estudiado en Psicología.

La música tiene el potencial de evocar recuerdos y nos transporta a momentos específicos de nuestras vidas, lo que desencadena emociones asociadas a ellos y que es especialmente beneficioso en el tratamiento de trastornos como el estrés postraumático y la depresión. 

También es una forma de expresión emocional que nos permite canalizar y comunicar emociones de forma más efectiva, ya que identificarnos con determinadas canciones nos genera sentido de pertenencia y comprensión emocional.

No menos importante, es la capacidad que tiene para alterar nuestro estado de ánimo y regular nuestras emociones, (algunas investigaciones han demostrado que escuchar música relajante puede disminuir el nivel de cortisol y aumentar la liberación de endorfinas, aportando calma y bienestar), así como mejorar la concentración, el rendimiento cognitivo y la creatividad. 

Cuando escuchamos música, diferentes áreas del cerebro se activan y se establecen conexiones neuronales, incluso se puede estimular el sistema límbico desencadenando respuestas emocionales específicas.

La música alegre y enérgica tiende a mejorar el estado de ánimo y a promover sentimientos de felicidad y entusiasmo, ya que libera dopamina, (un neurotransmisor asociado con el placer y la recompensa).

Por otro lado, la música suave y relajante puede tener un efecto calmante y reducir los niveles de estrés y ansiedad, así como la frecuencia cardíaca y la presión arterial.

Con toda la información aportada, es importante indicar que el impacto musical en el cerebro y en el comportamiento es diferente entre los seres humanos, pues cada individuo tiene sus propios gustos y preferencias musicales. Es decir, lo que crea emociones positivas en una persona, puede no hacerlo en otra.





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