Vacunas conspiranoicas

Nota: esta entrada corresponde a la Tarea 5 de la asignatura Los discursos de la Ciencia en la esfera pública en el S XXI del Máster en Cultura Científica de la Universidad Pública de Navarra .  

A continuación se procede a reflexionar sobre las teorías de la conspiración.





Como hemos podido observar desde la pandemia por coronavirus, la cantidad de bulos, fakes y teorías conspiranoicas han crecido de forma continua.
A diario, en los medios digitales y sobre todo en las redes sociales, podemos encontrar continuas informaciones sobre salud, medio ambiente y política de dudosa veracidad, si bien hay una parte de la ciudadanía que no sólo se las cree, sino que además ayuda a su difusión consiguiendo que se hagan virales.

Uno de los ejemplos más recientes es el caso de las vacunas, mortíferas y creadoras de humanos sometidos a organizaciones y figuras malvadas... (Nótese la ironía).

En 1798, Edward Jenner creó la primera vacuna de la viruela, la cual no fue muy bien recibida por la población y algunos sacerdotes anglicanos la consideraron como una intromisión en la obra de dios y desconfiaron de los efectos secundarios que pudiera tener.

Pero 1998 fue un año clave para el negacionismo, cuando se publicó un estudio en una de las revistas científicas de medicina más prestigiosas del mundo, The Lancet.

Andrew Wakefield, el padre del movimiento antivacunas, recibió cierta financiación por parte de abogados que intentaron emprender demandas legales contra los fabricantes de vacunas. Para ello realizó una investigación sobre la posible conexión que podía haber entre entre la triple vírica y el autismo.

El artículo,  Ileal-lymphoid-nodular hyperplasia, non-specific colitis, and pervasive developmental disorder in children, llevó consigo un rechazo muy peligroso a las vacunas, de tal forma que se produjo el rebrote de enfermedades que se encontraban casi erradicadas.

Numerosos investigadores intentaron reproducir sus hallazgos pero no consiguieron confirmar su hipótesis, incluso es posible que su estudio tuviera múltiples y graves fallos metodológicos así como datos manipulados.

Su credibilidad como científico fue muy cuestionada pero el daño a la comunidad científica ya estaba hecho, muchas personas comenzaron a dudar de la seguridad de las vacunas y decidieron no vacunar a sus hijos, de tal modo que incluso el sarampión aumentó muchísimo su prevalencia.

Finalmente se produjo la retirada de su licencia médica y la The Lancet se retractó de lo publicado.

Aquel fraude fue uno de los más de denunciados y perseguidos por la comunidad científica, pero el daño, en muchos casos irremediable, ya estaba hecho.

Pero a pesar de que se consiguió demostrar que era todo un fraude, las consecuencias han llegado hasta hoy, no sólo en lo referente a las enfermedades, sino a la gran cantidad de teorías conspiranoicas que se han infundado y que ponen en serio peligro al sistema de salud pública.

Los últimos años han estado plagados de bulos y desacreditación de las vacunas, fueron muchos los movimientos que se crearon en contra de la vacuna del COVID19 durante la crisis sanitaria y muchas fueron las personas que decidieron no vacunarse.

Un caldo de cultivo ideal, para que partidos políticos de todo el mundo aprovecharan el momento para hacer propaganda y desprestigiar a los gobiernos, con los efectos devastadores que podría tener en las democracias.

La tensión y la polarización en las calles fue que tal que hubo peligrosas situaciones de violencia, si bien la digitalización ante la que nos encontramos en los últimos años no ayudó.

Hay que permanecer muy vigilante y escépticos a la información que consumimos, mantener un espíritu critico.

Y esto debe ser tanto por parte de las instituciones y de los medios, como por parte de la ciudadanía, la cuestión es que hay a quien le interesa creer y diseminar, solo por el hecho de verter sus frustraciones personales.

La consecuencia de este panorama social es que se pueden tirar por tierra muchos años de investigación y de avances, mucho esfuerzo por parte de aquellos que pusieron en juego su vida por la salud y por la ciencia, reflexionemos sobre ello.


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