Vacunas conspiranoicas
Nota: esta entrada corresponde a la Tarea 5 de la asignatura Los discursos de la Ciencia en la esfera pública en el S XXI del Máster en Cultura Científica de la Universidad Pública de Navarra .
A continuación se procede a reflexionar sobre las teorías de la conspiración.
Andrew Wakefield, el padre del movimiento antivacunas, recibió cierta financiación por parte de abogados que intentaron emprender demandas legales contra los fabricantes de vacunas. Para ello realizó una investigación sobre la posible conexión que podía haber entre entre la triple vírica y el autismo.
El artículo, Ileal-lymphoid-nodular hyperplasia, non-specific colitis,
and pervasive developmental disorder in children, llevó consigo un rechazo muy peligroso
a las vacunas, de tal forma que se produjo el rebrote de enfermedades que se
encontraban casi erradicadas.
Numerosos investigadores
intentaron reproducir sus hallazgos pero no consiguieron confirmar su hipótesis,
incluso es posible que su estudio tuviera múltiples y graves fallos
metodológicos así como datos manipulados.
Su credibilidad
como científico fue muy cuestionada pero el daño a la comunidad científica ya
estaba hecho, muchas personas comenzaron a dudar de la seguridad de las vacunas
y decidieron no vacunar a sus hijos, de tal modo que incluso el sarampión
aumentó muchísimo su prevalencia.
Finalmente se
produjo la retirada de su licencia médica y la The Lancet se retractó
de lo publicado.
Aquel fraude fue uno
de los más de denunciados y perseguidos por la comunidad científica, pero el
daño, en muchos casos irremediable, ya estaba hecho.
Pero a pesar de que se consiguió demostrar que era todo un fraude, las consecuencias han llegado hasta hoy, no sólo en lo referente a las enfermedades, sino a la gran cantidad de teorías conspiranoicas que se han infundado y que ponen en serio peligro al sistema de salud pública.
Los últimos años han estado plagados de bulos y desacreditación de las vacunas, fueron muchos los movimientos que se crearon en contra de la vacuna del COVID19 durante la crisis sanitaria y muchas fueron las personas que decidieron no vacunarse.
Un caldo de cultivo ideal, para que partidos políticos de todo el mundo aprovecharan el momento para hacer propaganda y desprestigiar a los gobiernos, con los efectos devastadores que podría tener en las democracias.
La tensión y la polarización en las calles fue que tal que hubo peligrosas situaciones de violencia, si bien la digitalización ante la que nos encontramos en los últimos años no ayudó.
Hay que permanecer muy vigilante y escépticos a la información que consumimos, mantener un espíritu critico.
Y esto debe ser tanto por parte de las instituciones y de los medios, como por parte de la ciudadanía, la cuestión es que hay a quien le interesa creer y diseminar, solo por el hecho de verter sus frustraciones personales.
La consecuencia de este panorama social es que se pueden tirar por tierra muchos años de investigación y de avances, mucho esfuerzo por parte de aquellos que pusieron en juego su vida por la salud y por la ciencia, reflexionemos sobre ello.
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